Tú en mi viaje

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Día 11, Java: Sukamade y camino al Ijen.

Madrugón, a las 6:00 nos tenían preparado el desayuno. A primera hora de la mañana, nos dirigíamos hacia la playa para liberar al mar a las crías de tortuga que habían eclosionado y cogido fuerzas durante unos días.

A cada pareja, nos darían un cubo con aproximadamente 10 tortuguitas, pero, la cantidad, dependía del número de nacimientos de los días anteriores. 

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La experiencia es indescriptible… Pasamos la mañana embobados, con la sonrisa tonta… Nadie se acordaba ya del maldito despertador que sonaba a las 5:30 de la mañana… :’-)

Primero, nos dirigimos a las casetas donde trasladan los huevos y tuvimos la suerte de ver como un grupo de ellas luchaban por romper el huevo y salir de él.

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Poco más tarde, nos entregaron el cubo con las tortuguitas dentro. No podíamos dejar de observarlas, acariciarlas, pasárnoslas por la cara…¡Vaya ajetreo les dimos! :s ¡Pero siempre con delicadeza! 🙂 ¡Eran preciosas! Con diferentes tonalidades azules y blancas…¡taaaaaan monas! 

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A continuación volvimos a la playa del desove de la noche anterior . Era una playa preciosa, amplia, de arena blanca, sin el más mínimo signo del paso de la civilización, ¡todo un paraíso virgen!

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Pasamos un rato genial en la playa. El momento cumbre, es aquél en el que las depositas en la arena de la playa y consiguen contactar con el agua. Te quedas paralizado viéndolas desaparecer con el oleaje y con una bonita sensación de haber aportado tu granito de arena para la supervivencia de estas preciosas criaturas.

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Si vais a Bali o Java, os recomendamos no pasar por alto esta experiencia ¡Es súper gratificante!

Ya camino del Kawah Ijen, paramos en una antigua fábrica de caucho. El guía, nos explicó las diferentes fases de su elaboración y pudimos observar la sala donde lo humean. Un sistema muy primitivo, pero no por eso menos efectivo.

Una de las trabajadoras nos obsequió con una pulsera de caucho que guardamos con recelo. Una visita muy interesante y didáctica.

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También hicimos paradas en explotaciones de cacao y café. En la de café, nos sorprendió muchísimo que el fruto fuera de color rojo y que el el color oscuro que tiene, lo obtenga de la absorción de humos. ¡Qué desconocimiento el nuestro! jeje…

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Plantación de cacao

Finalmente, iríamos a una pequeña “fábrica” familiar donde hacían azúcar y caramelo a partir de los cocos de las palmeras. Un trabajo muy humilde y sacrificado con un resultado brutal, ¡estaba para chuparse los dedos!

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Probando el delicioso caramelo

La siguiente parada, casi 5 horas después, ya sería el Hotel Blambangan (36€ con desayuno) en Banyuwangi. Un hotel moderno, con agua caliente, aire acondicionado y una piscina central donde nos pegaríamos un chapuzón y apenas pegaríamos una cabezadita, ya que, a las 00:00, nos recogería un nuevo guía para descubrir el volcán Kawah Ijen. Pero eso ya será en el próximo post… ¡No te lo pierdas!

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Nos despedíamos de nuestro guía y Sukamade

Aquí os dejamos el link de un cortito vídeo del día: 

Día 11, Sukamade (Java)

 

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Día 10: De Bali a Java, reserva de tortugas marinas de Sukamade.

Aquí empezaba una nueva aventura que nos entusiasmaba, pero, que al mismo tiempo, era la parte que más nos preocupaba a la hora de organizarla. En pocos días, queríamos ver el volcán Kawah Ijen, el Gunung Bromo y llegar hasta Surabaya para coger nuestro siguiente vuelo a Yogyakarta. Tal vez, muy poco tiempo para hacerlo por cuenta propia… Pero cuando hicimos el tour por Komodo y Rinca, una de las parejas de italianos con los que coincidimos, nos contó que venían de hacer un tour espectacular, precisamente de los volcanes que queríamos visitar y que, además, te llevaban a una reserva de tortugas marinas, a una pequeña fábrica de caucho y se encargaban de recogerte y llevarte a donde necesitaras. Así que, decidimos ponernos en contacto con ellos y en un suspiro nos montaron el tour. Nos habíamos quitado un dolor de cabeza…

El precio eran 520€ los dos e incluía lo siguiente:

  • Recogida en Ketapang.
  • Traslado en 4×4 hasta la reserva de tortugas marinas de Sukamade.
  • Noche en la reserva de Sukamade.
  • Excursiones con guía al volcán Ijen.
  • Excursión al volcán Gunung Bromo en Jeep 4×4 descapotable.
  • 3 Noches más de hotel.
  • Comidas.
  • Traslado a Surabaya.

Más información en: 

A nosotros nos pareció un precio fenomenal por la comodidad y el plan que nos organizaban, hay que tener en cuenta que había traslados de más de 5 horas en coche… El único problema era que ya teníamos reservadas las habitaciones de hotel y sólo pudimos conseguir la devolución de una noche de hotel, por lo que nos saldría un pelín más caro, pero pudimos disfrutar de nuestros hoteles, que según nos comentaron los guías, eran de mejor calidad. Y tras luchar un poco con el organizador del tour, conseguimos que nos rebajaran 100€ por no usar los suyos y haber pagado ya los nuestros, por lo que al final no nos salió mal… 😉

Dicho esto, empezamos con el 9º día

A las 5:30 de la mañana, salimos de Ubud con el servicio de pick up, (4´5 horas 750.000IDR=52€) de nuestro apartamento , dirección al puerto de Gilimanuk, al oeste de Bali, para allí coger un ferry que nos dejaría en Ketapang, Java (30 minutos, 8000IDR=0,56€) donde nos recogerían para empezar el ansiado tour.

Nos recibieron en 4×4 un guía, con perfecto inglés y enamorado de su trabajo y un chófer.

Nos esperaba un largo camino hasta Sukamade, aproximadamente 5 horas. El primer tramo (1,5 horas) fue cómodo, por carretera, pero a partir de ahí, el camino se volvería cada vez más abrupto, ¡no íbamos en todoterreno por capricho! Rampas cada vez más empinadas, socavones más pronunciados, atravesamos ríos, montañas,…el paisaje era de una belleza espectacular, a ratos no podíamos ver el cielo del espesor de su maleza y pudimos contemplar todo tipo de monos mientras disfrutábamos de una banda sonora animal como nunca antes habíamos escuchado.

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La reserva debía estar alejada de la sociedad…¡y se lo habían tomado muy en serio! 😀

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De camino, paramos para recoger algo de comida en un pequeñito pueblo de pescadores que tenía una preciosa playa virgen, ¡era sólo para nosotros! Era un momento precioso, en una playa idílica, hasta que…¡nos cayó una tromba impresionante! Fueron 10 minutos de reloj, pero como si hubiéramos nadado… Bueno al menos disfrutamos del paisaje…¡unos segundos! 😀

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Nuestro simpático guía

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Poblado pesquero

Sobre las 19:00 llegamos ¡al fin! Dejamos los bártulos en nuestra diminuta habitación, o lo que fuera aquello, sin duda las habitaciones más modestas del viaje :s, y salimos a inspeccionar la zona.

En este centro, tienen unas casetas cerradas con maya, donde trasladan los huevos de tortuga y los entierran en arena para simular sus condiciones naturales pero protegidas de sus depredadores. (En el próximo post os las mostramos)

Tras cenar con un grupo de turistas de otros tours, aproximadamente a las 23:00, embadurnados de anti mosquitos y linterna en mano, nos dirigimos hacia la playa en busca de tortugas gigantes.

De camino, el ránger nos dio unas indicaciones y reglas a seguir para cuando estuviéramos con las tortugas:

  • Al llegar a la playa debíamos apagar las linternas para no desorientar la vuelta al agua de las tortugas tras depositar los huevos.
  • No podíamos estar a la altura de la cabeza de la tortuga, siempre tras ellas, para no asustarlas ni distraerlas mientras depositan los huevos.
  • Y desconectar el flash de las cámaras para pasar desapercibidos.

Es normal que tomen toda clase de medidas, porque tal y como nos explicó el ránger, las tortugas, si no se encontraran cómodas y seguras cambiarían de lugar donde depositar los huevos.

Una vez explicado esto, los vigilantes fueron en busca de ellas mientras nos quedábamos expectantes hasta que nos avisaran, y al hacerlo, nos dirigimos sigilosamente hasta ellas.

El método para encontrarlas es muy sencillo, como son de grandes dimensiones y de un peso considerable, van dejando un surco allí por donde pasan. Los rangers, lo único que tienen que hacer, es caminar por la orilla hasta ver uno de esos surcos y seguirlo hasta encontrarlas.

Cuando llegamos hasta ella alucinamos, ¡qué preciosidad! ¡y qué dimensiones!

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Uno de los gigantescos ejemplares

Estábamos todos embobados contemplando a la enorme tortuga mientras los rangers, aprovechando el estado de trance en el que se encuentran las tortugas al expulsar los huevos, iban recogiéndolos sin que ella se enterara. Una vez depositados todos los huevos, la tortuga, con mucha paciencia y esfuerzo tapó el agujero donde se suponía que debían estar los huevos, lanzando arena con sus patas traseras y retornó al mar mientras la seguíamos cautivados por la magia del momento… Un proceso que desde que llegamos (que ya debía haber depositado unos 50 huevos), se alargó durante aproximadamente 2 horas de silencio absoluto y emociones a flor de piel.

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Uno de los vigilantes recopilando los huevos

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Una vez el enorme animal se perdió en el mar, nos tumbamos en el más absoluto silencio y disfrutamos de su espectacular cielo estrellado, que lejos de cualquier tipo de contaminación se apreciaba con una claridad pasmosa. ¡Qué momento zen…!

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De regreso al mar

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Y de vuelta a la habitación que mañana nos esperaban un madrugón de campeonato…¡y las crías de tortuga!

Aquí os dejamos un pequeño vídeo del día…

¡Nos vemos en el siguiente post!

 

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Día 9, Ubud (Bali): Pura Taman Ayun, Pura Tanah Lot, Monkey Forest.

En nuestro último día en Ubud, pusimos dirección sur, hacia los templos más alejados del centro.

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La primera parada fue el Pura Taman Ayun (15000IDR=1€), un bello y espacioso templo que destaca por su arquitectura de págodas de negras cúpulas triangulares de diferentes alturas y su ambiente zen, dada la tranquilidad que transmiten sus verdes jardines entre amplios canales de agua.

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Entrada del templo Pura Taman Ayun

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El paseo se realiza alrededor de dichas págodas porque éstas, están rodeadas de un muro que no se permite traspasar, pero, que para nada te impide disfrutar de su belleza, ya que, no son altos y no interfieren en la visibilidad.

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Nos pareció un templo muy fotogénico por sus simétricas construcciones, sus estanques repletos de flores de loto, sus perfectamente cuidados jardines y rodeados de los inmensos canales… Una corta parada, ¡pero obligatoria! ¡Es muy bonito!

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Después pusimos rumbo al Pura Tanah Lot (30000IDR=2€), templo de la tierra en el mar, uno de los más populares de Bali, con una fama más que justificada… Este templo está ubicado en un lugar excepcional, un islote unido a la costa por un estrecho camino rocoso visible sólo en días con buena mar.

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Pura Tanah Lot

 

Al llegar al templo se nos torció el día, en cualquier momento podía caérsenos el cielo encima y la luz dejó de ser la más apropiada para disfrutar del paisaje pero, en cambio, nos brindó un mar embravecido que daba lugar a un espectáculo de olas que golpeaban con violencia al templo, de tal manera, que a momentos incluso desaparecía engullido por el mar…¡Un espectáculo digno de ver! Al mal tiempo, buena cara… 😉

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Pura Tanah Lot un poquito más cerca 😉

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¡Y más cerca todavía! 😀

Dentro del recinto, vivimos una anécdota que a los “droneros” os podría interesar. Estábamos tranquilamente paseando, cuando dos trabajadores del templo se nos acercaron y muy amablemente nos preguntaron si dentro de nuestra mochila llevábamos un drone, a lo que respondimos afirmativamente y ellos sin perder la sonrisa nos comunicaron que lo podíamos usar sin problemas…¡previo pago de 600000IDR=42€! Como podréis imaginar, no veréis ningún vídeo nuestro de drone de aquí… 🙂

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Ya de camino al centro de Ubud, por casualidad, pasamos por delante del Monkey Forest (50000IDR=3´50€). No teníamos pensado visitarlo porque habiéndolos visto en su hábitat natural en diversos países, ¿qué sentido tenía verlos en semicautividad? O al menos eso creíamos… Pues al pasar por delante de la entrada y ver a algunos de ellos jugando en una fuente nos entró el gusanillo…¡ya nos habían engatusado! Así que, compramos las entradas y decidimos echarle un ojo. ¡Y fue un acierto, lo pasamos genial!

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Por lo que vimos, los cerca de 700 macacos andan a sus anchas y viven en un ambiente muy parecido al de su hábitat natural, rodeados de 186 especies de árboles, eso sí, masificado por turistas que los agasajan a plátanos.

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Los monos carecen de miedo alguno y se acercan a recoger cualquier tipo de alimento que tengas en las manos y ¡cuidado, lo que no son alimentos también! Yo llevaba un desinfectante de manos enganchado en la mochila y uno de los macacos me lo arrebató de un tirón, lo abrió con una facilidad pasmosa y cuando se lo arrimaba a la boca le gritamos ¡Noooooooooo! De forma instintiva, a lo que respondió enfrentándose y sacándonos los colmillos… Nosotros lo habíamos intentado pero si se iba a poner así… ¡allá él! Jeje. Se subió a un árbol y le pegó un buen sorbo, puso cara extraña (muy expresivo el mono) 😀 pero lo volvió a probar a ver si el segundo sorbo estaba mejor que el primero, pero no. Su cara fue todavía peor y lo lanzó. A pesar de ser una “faena” para el macaco, la escena fue tronchante por su expresividad. Además, para redondear la anécdota, se nos acercó un vigilante del parque, quien pensábamos nos daría una reprimenda, se agachó y nos devolvió el botecito a la vez que se disculpaba…¡Qué amable y educado! Si la culpa era nuestra…

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Aquí tenéis al ladrón con mi desinfectante 😀

Os cuento la anécdota porque del mismo modo que nos robó el desinfectante, nos podría haber robado una cámara, bolso o cualquier otro objeto de valor y la escena hubiera pasado de tronchante a dramática, estos animales se las saben todas, así que, ¡mucho cuidado!

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Volviendo a lo que es el parque en sí, es un recinto precioso, lleno de árboles exóticos y poco comunes, con algunos caminos y puentes muy bonitos, deborados por la vegetación.

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Seguro que habrá diferentes opiniones, todas igual de respetables, acerca del Monkey Forest, pero pasamos una agradable hora y media y lo recomendamos como lo que para nosotros es, un lugar para pasar un buen rato interactuando con los macacos.

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Y una vez salimos del parque, quisimos volver prontito a nuestro regalito de boda en forma de maravilloso apartamento, para así, disfrutar del The Limasan at Pondok Wahyu de Airbnb como se merecía y recuperar fuerzas porque al día siguiente empezábamos una nueva aventura en la isla de Java

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Nos esperaba la reserva de tortugas marinas de Sukamade, el volcán Kawah Ijen, el Gunung Bromo...¡No te los pierdas en los próximos posts!

Aquí tenéis el mapa de la ruta:

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Día 8, Ubud (Bali): Pura Tirta Empul, Tegalalang Rice Terrace y centro de Ubud.

En el día de hoy íbamos a visitar menos lugares de Bali porque uno de estos lo habíamos marcado en rojo, ¡un rojo pasión , no de peligro! 😀 y queríamos disfrutarlo como se merecía.

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Entusiasmados nos pusimos en marcha, ¿la razón? Nos tocaba visitar un templo hindú en el que no simplemente podíamos observar sino que podíamos interactuar con su religión, el Pura Tirta Empul, que significa “arroyo de cristal” . La entrada apenas cuesta 15000 IDR= 1€ y te prestan un pareo (das propina si quieres) y de uso obligatorio.

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Con nuestros nuevos pareos

Este templo no destaca por su arquitectura, sino por las cualidades purificadoras que según los balineses posee el agua. Las leyendas dicen que sus aguas de manantial poseen poderes curativos, por esa razón, fieles de todas partes de la isla visitan el templo con afán de orar y purificarse en su piscina rectangular de piedra de koi. 

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Sabíamos de antemano, que los turistas (siempre respetando sus creencias) también eran bienvenidos y podían acompañarles en este precioso proceso de purificación y nosotros ya íbamos mentalizados para ello.

En el recinto, hay unas taquillas para guardar tus enseres y te prestan una toalla limpia.

Para meterte en la piscina y realizar el proceso de purificación, los hombres pueden entrar a pecho descubierto, pero con el pareo de cintura para abajo, en cambio, las mujeres, además del pareo, deben llevar una camiseta puesta, no es necesario que cubra los hombros.

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Una vez vestidos para la ocasión, entramos en la piscina y fuimos pasando por cada una de las 12 fuentes, realizando el ritual en cada una de ellas, bueno, en realidad fueron 10 ya que por 2 de ellas no se debe pasar, está reservada para las ofrendas a los muertos.

El ritual, consistía en lavarse la cara tres veces, beber 3 veces del agua, tirarse agua por la cabeza realizar el movimiento del rezo en cada una de las fuentes, ¡Fue una experiencia divertidísima y muy gratificante! Por cierto, la piscina está llena de gigantes carpas que se acercan a los pies mientras estás en plena faena dándote algún que otro sustito… 😉

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Rebecca en acción

Os recomendamos ir muy pronto porque a media mañana se masifica y se hacen colas tras las fuentes, incluso al irnos, se empezaba a formar cola para entrar en la piscina.

Y también creemos que es un sitio al que hay que ir con tiempo, sin prisas, ya que, no hay muchos sitios en indonesia en los que puedas interactuar de esta manera con sus costumbres religiosas y vale la pena disfrutar con calma de tan bonita experiencia.

Una vez purificados 🙂 , pusimos rumbo de nuevo a las terrazas de Tegalalang , donde esta vez sí, pudimos disfrutar del precioso colorido de sus terrazas, mientras disfrutábamos de una sabrosa comida desde un balcón de uno de sus cuantiosos restaurantes con vistas panorámicas…¡Cómo nos gusta la cocina de Bali! Mmmmmm…

 

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Para finalizar nuestro idilio con Tegalalang, paseamos por una de las diferentes rutas que recorren los arrozales y se adentran en la selva. ¡Ahora sí nos llevábamos el recuerdo que queríamos!

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Por la tarde paseamos por el centro de Ubud, haciendo un poquito de gasto en sus pequeños comercios de ropa, de figuras de madera, comprando recuerdos…

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Rebecca como loca de compras 😀

Antes de cenar, nos dimos un revitalizante masaje de 1 hora (6€) con aceites aromatizados.. ¡benditas manos! Y a esos precios no se puede perder la oportunidad de relajarse del ajetreo del día…

Para poner fin al día, cenamos en una terraza de la parte posterior de uno de los restaurantes céntricos de Ubud, con vistas espectaculares a preciosos “tajos” selváticos.

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Y de ahí una última recomendación. Tenéis que entrar en los restaurantes del centro de Ubud y mirar que vistas poseen, porque algunos de ellos, desde afuera no parecen gran cosa, pero al adentrarse hasta sus terrazas…¡alucinas con las vistas! No perdáis la oportunidad de disfrutar de algunos de éstos!

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¡Nos vemos en el próximo post!

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Día 7: Ubud (Bali).

A las 10:30 de la mañana estábamos de nuevo en Denpasar (Bali), donde nos esperaba el servicio de pick up del B&B (20€) que nos llevaría a unos maravillosos apartamentos situados en Ubud (a 2 horas del aeropuerto), regalo de luna de miel de Aitor, Sharlene, Guille y Charlotte, grandes amigos que por motivos laborales viven en Singapur y que el simple hecho de venir hasta Mallorca para acompañarnos en un día tan especial, ya era un regalo más que suficiente, pero que aún así, quisieron tener este detalle con nosotros, por el que estamos súper agradecidos. ¡Era una pasada!

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El B&B en concreto fue The Limasan at Pondok Wahyu de Airbnb.  Estuvimos en una de sus habitaciones deluxe (92€/día) , una cabaña realizada totalmente de madera, aislada del resto, rodeada de pequeños lagos y vegetación, de enormes dimensiones y diseñada con muchísimo gusto. La zona común de la piscina tenía unas preciosas vistas panorámicas a la selva, ¡era para no moverse de allí! Pero somos unos inquietos, así que, dejamos los bártulos y nos dirigimos al centro de Ubud, situado a 10 minutos, con nuestra moto recién alquilada en los mismos apartamentos (4€/día)

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Primero visitamos el Ubud Palace (Puri Sareng Agung), residencia oficial de la familia real en Ubud. Es un lugar pintoresco, con una arquitectura que recalca la esencia balinesa, pero que debido a que todavía habita la nobleza de Ubud, sólo se puede visitar el patio exterior, por lo que en 10 minutos lo tienes visto. Pequeño pero bonito…

Muy cerca del palacio está el Pura Taman Saraswati , el templo de la diosa sabiduría. Un pequeño templo situado tras unos restaurantes en los que se ofrecen espectáculos de danza balinesa. Este templo destaca por sus bonitos estanques repletos de flores de loto. Un pequeño oasis de tranquilidad en la agitada Ubud.

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Ubud Palace

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Jardines de Ubud Palace

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Pura Taman Saraswati

Y como nos quedaban unas horas de luz y somos unos ansias… 😀 pusimos rumbo a las terrazas de Tegalalang. La idea era hacer el camino del tirón hasta las terrazas, pero nos quedamos prendados de la infinidad de arrozales y el verde de su paisaje. Kilómetros y kilómetros de llanos arrozales con sus aldeanos trabajando en ellos del mismo modo que lo hacían sus ancestros. Un paisaje hermoso en un ambiente de calma total, únicamente interrumpido por el sonido intermitente de algunas motocicletas…

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Arrozales de Tegalalang

¡Y llegamos a Tegalalang! Uno de los paisajes más hermosos de la isla, nos quedamos prendados en seguida. Inmensos campos de arroz escalonados, formando terrazas conectadas por canales que transportan el agua desde los acueductos para mantener encharcadas las terrazas constantemente y así poder cultivar el arroz en las mejores condiciones. Todo un patrimonio arquitectónico protegido cuidadosamente a base de mucho trabajo por parte de los campesinos balineses.

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A causa de nuestras múltiples paradas para disfrutar mejor del entretenido camino, se nos hizo un poco tarde y no llegamos en las mejores condiciones solares para disfrutar al máximo de las espectaculares vistas, por lo que a pesar de gozar de nuestra visita, tanto por las vistas, como por los chulísimos souvenirs que había frente a las terrazas, teníamos que volver y verlo en su esplendor y con más tiempo…¡tal paisaje lo valía!

Hasta aquí llegaba nuestro primer día en Ubud, al que le sacamos bastante partido para haber llegado desde Komodo el mismo día.

¡Y a descansar que mañana nos esperaba un día intenso!

¡Nos vemos en el próximo post amigos viajeros!

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Día 6: Islas de Komodo y Rinca

Empezábamos nuestro segundo y último día del tour de Komodo, el día en el que íbamos a ver los dragones de Komodo, la razón por la que habíamos viajado hasta Labuan Bajo, ¡Qué emoción!

Nos despertamos al amanecer y primero pusimos rumbo a la isla de Komodo. Debíamos llegar muy pronto porque es el mejor momento para ver a los dragones, ya que, al subir las temperaturas, tienden a esconderse en la sombra y están mucho menos activos.

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Una vez llegas allí, debes pasar por la oficina del ránger y realizar los pagos de las distintas tasas . Una vez hecho esto, nos asignaron a nuestro guía y éste nos explicó que debíamos elegir entre un trekking de 1 hora, una hora y media o uno de 3 horas. La verdad es que nosotros preferíamos el largo, pero a la hora de votar nos quedamos más solos que la una..jeje Así que, democráticamente aceptamos la derrota sin cambiar la sonrisa 😀  De todos modos, el guía nos explicó que la excursión media pasaba por la zona de más confluencia de dragones, supongo que dejábamos de ver algunas preciosas vistas pero no pasaba nada, ¡habíamos venido a ver dragones! Así que, nos pusimos en marcha…

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Bien pasado el Ecuador de la excursión, aunque habíamos visto diferentes tipos de animales (ciervos, búfalos,..) seguíamos sin rastro de dragones y empezaban a pasarnos por la mente los fantasmas del “Manta Point” donde no vimos mantas. Komodo… ¿¡Sin dragones de Komodo?! Eso sí que no… ¡por favor! :S 

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Poco después, encontraríamos nuestro primer dragón, una preciosa cría de medio metro, sí, he dicho preciosa, y es que al ver como es este gigantesco animal al hacerse adulto, parece mentira que las crías tengan ese colorido tan vivo, mezcla de tonos verdes y amarillos. El pequeño animal se encontraba en la copa de un árbol, por lo visto, pasan gran parte de su infancia en las alturas para protegerse de depredadores.

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Cría de dragón de Komodo

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Bonitas vistas desde la colina

Seguimos con nuestra excursión y cuando llegábamos al final de nuestro trayecto, en la playa, a 200 metros de la oficina del ránger, ya con pocas esperanzas de ver ningún ejemplar adulto…¡allí estaban, dos majestuosos ejemplares de más de dos metros! ¡Recordando el momento se nos ponen los pelos como escarpias! ¡Estábamos caminando a pocos metros de ellos! 

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Tenían un caminar fatigoso pero imponente, parece mentira que puedan llegar a los 20km/h. 

La emoción nos poseía, qué trabajazo le dimos al pobre guía, que por nuestra seguridad, luchaba con nosotros para que no nos acercáramos demasiado , pobrecito, pero es que nos sentíamos muy seguros con el arma destructiva que poseía: ¡el tridente de madera! ¡Me río yo de los dinosaurios con este palo de madera! jajajaja

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Ya podíamos abandonar la famosa isla dirección Rinca, lo habíamos gozado, y lo mejor estaba por llegar…

Al llegar a la isla de Rinca, repetimos proceso, oficina del ránger-guía-trekking.

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En seguida, nos dimos cuenta de que a pesar de ser la isla de Komodo la más famosa y mediática de las dos, si tu intención es, como en nuestro caso, básicamente ver dragones, la isla de Rinca es la más apropiada.

Rinca es una isla de menor tamaño y donde los dragones están en zonas más próximas y accesibles que en Komodo.

Nada más empezar la caminata, paramos junto a las cabañas de madera de los aldeanos, todas ellas elevadas del suelo para evitar “sustos” del pasado. El guía contaba historias de encontronazos con los excepcionales lagartos, en las cuales, los lugareños no salían bien parados.

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Allí, bajo las casetas, resguardados del sol, pudimos ver los primeros ejemplares y a partir de ahí fue un no parar…

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Pudimos ver dragones de todo tipo: grandes, medianos, pequeños, machos hembras… ¡Hasta pudimos ver un combate de hembras por comida! Menuda fuerza y vaya garras… ¡Cómo para no respetarlos!

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Espectacular pelea que tuvimos la suerte de presencia.¡Gracias Daniele Pirovano!

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Seguimos viendo “monstruos” de Komodo durante gran parte del trekking, ¡qué gustazo ver estos soberanos animales en su hábitat natural!

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Una vez terminado el circuito, regresamos al barco y pusimos rumbo de vuelta a Labuan Bajo.

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Otra increíble experiencia para la mochila que sin duda nunca olvidaremos…

Ya en Labuan Bajo, nos quedaba disfrutar por última vez de su maravillosa puesta de sol, su exquisito pescado y despedirnos de nuestros amigos italianos… ¡Seguro que nos volvemos a ver pronto!

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En el próximo post volvemos a Bali, pero esta vez para visitar Ubud.

¡No te lo pierdas!


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Día 5: Inicio del Tour de Komodo

A las 10:00 de la mañana, habíamos quedado en la agencia Komodo Explorer para iniciar nuestro tour por el Parque Nacional de Komodo  con nuestro nuevo grupo, compuesto de 4 italianos y  3 coreanos y media hora después partíamos del puerto de Labuan Bajo.

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El grupo lo completaban el capitán y el simpático y risueño guía, que a diferencia de lo que nos habían asegurado en la agencia  no hablaba “ni papa” de inglés… Pero al menos tenía voluntad de hacerse entender y fue súper atento y servicial durante los dos días que convivimos.

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El barco no era nada del otro mundo, pero no era ni mejor, ni peor que el resto que navegaban por las islas. Muy antiguo, con poca potencia pero con un encanto especial por ser en su totalidad de madera.

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La primera parada, era en una pequeña isla con una preciosa playa, a la que denominaban Pink Beach (playa rosa) por el color de su arena al mezclarse ésta con el erosionado coral y formar un precioso manto rosado. Allí tuvimos tiempo de bucear y disfrutar de su calma.

Si hacéis esta ruta, disfrutaría más tiempo de la playa, ya que , el snorkel, no valía mucho la pena, había mucha piedra y coral muerto. Se ve que en esa zona no han tenido mucho cuidado con las anclas de los barcos… De hecho, os voy a contar una pequeña anécdota que vivimos en aquella playa: Había una embarcación que se dedicaba a vender cervezas a los barcos. No era tan grande como el nuestro pero tampoco se trataba de una canoa ni nada por el estilo, era de mayor tamaño e iban dos personas en él… Pues bien, para ahorrar combustible (imagino) llevaban el motor fuera del agua y se movían haciendo palanca contra el fondo marino con un robusto y largo palo de madera. Os podéis imaginar, día tras día, el daño que le hace al coral. Habría que intentar concienciar más a la gente… Y claro, ver aquello después de ver el mal estado del coral en aquella zona nos dejó boquiabiertos.

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El siguiente punto de nuestra ruta, era hacer snorkel alrededor de una minúscula isla rodeada de coral, donde la mezcla de colores era impresionante y el agua era tan cristalina que se podía ver el coral a la perfección desde el barco.

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La combinación de islotes, líneas de arena, corales y los diferentes colores del mar, hizo que éstas fueran unas de las imágenes grabadas a fuego de nuestro paso por Indonesia.

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Aunque diera pena elevar anclas, teníamos que seguir con el tour, ¡seguro que nos esperaban infinidad de sorpresas! Y vaya si las hubo…

La siguiente parada era el “Manta Point”, nos hacía una ilusión bárbara nadar con esta gigantesca especie, ya que , todavía no habíamos tenido la oportunidad de hacerlo. Pero por más que lo intentamos, tanto el grupo como el capitán del barco, no hubo manera de divisar ninguna…¡vaya chasco! El guía, con su espectacular lenguaje de signos, 😀 nos explicó que no era la mejor época para ver mantas y que cuando el mar se mueve, que lo hacía un poco, tienden a sumergirse a aguas más profundas y tranquilas…¡otra vez será!

Sin perder el ánimo por este traspiés, nos dirigimos a las isla de Kalong, famosa por sus puestas de sol y… ¡sus murciélagos gigantes! Dicen que es un lugar donde se ven a cientos, pero nosotros apenas vimos una docena, eso sí, podemos corroborarlo, ¡eran enormes!

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Fue espectacular ver su vuelo… de lejos!! No sé si de cerca nos hubiera gustado tanto…jeje

Ya anclados en el lugar donde íbamos a pasar la noche, se fueron acercando pequeñas embarcaciones de vendedores, muchos de ellos acompañados por niños, ofreciéndonos dragones tallados en madera, ¡imposible resistirse a ellos!

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Una vez cenados, sólo nos quedaba disfrutar del estrellado cielo en calma total y finalmente acostarnos en nuestras fabulosas suites, con las camas unidas unas con otras y así reforzar nuestros lazos de amistad con nuestros nuevos amigos. 😀

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Próximo post…¡dragones de Komodo! ¡Os esperamos!